viernes, 15 de abril de 2016

"El valor de lo inútil"

Muestra | "El valor de lo inútil"

Una muestra colectiva proyectada, como homenaje a Walter Banjamin, a partir de su frase “... que resulten por completo inútiles para los fines del fascismo...”, de la que participan: Roberto Jacoby y Syd Krochmalny, Martín Di Girolamo, Leticia El Halli Obeid, Eugenia Calvo, Carlos Herrera, Juliana Iriart, Georgina Ricci. Los curadores de la misma son: Florencia Battiti, Roberto Echen y Fernando Farina. Visitas: hasta el domingo 17 de abril, de jueves a domingos de 17 a 21 hs. Entrada libre y gratuita
EL VALOR DE LO INÚTIL
La frase de Walter Benjamin que aparece en el frente de esta pieza gráfica devino en espacio de reflexión, primero como idea expositiva (de la que participaron Florencia Battiti y Fernando Farina) y después como conformación y formulación de esta muestra en el CEC (ya sumado Roberto Echen al equipo curatorial).
Lo que sigue es una compilación de algunos fragmentos de una conversación extensa (vía email, whatsapp, etc) que puede pensarse (o no) como relato de ese devenir.
Carlos Herrera (piensa que tiene opciones, tal vez debieras hablar con él opciones).
Volviendo al meollo de la muestra: no sé hasta que punto podemos seleccionar obras que NO sean apropiadas por el sistema (el mercado x ej) pero SÍ que sean incómodas, difíciles, que se le escabullan al sistema de alguna manera, o que se la banquen conceptualmente incluso cuando el sistema las rodea un poco con sus tentáculos... me cuesta pensar en términos "puristas" en obras que directamente NO sean apropiables en ningún sentido... 
Hay un documentalista, Jonathan Perel, que quizás pueda funcionar en este contexto. Su obra es incómoda, labura sobre la problemática de la representación del horror... Sus documentales son imposibles, trabaja con cámara fija, tiempos largos, son increíbles y un embole a la vez, pero lo que sí es seguro, es que son inmanipulables...
me parece que el lugar disfuncional al sistema de Los diarios del odio de Roberto Jacoby y Syd Krochmalny es que es un work in progress hecho por los "ciudadanos" y que parecería (lamentablemente) no tener fin... un espejo que no parece cambiar en el tiempo, lugar difícil de asumir cuando se quiere creer que vamos hacia lo políticamente correcto.
Y finalmente: purista yo? si lo único que sé es estar embarrado!!! La idea para mí siempre está en la pregunta. Es una pregunta que me he hecho muchas veces en la vida, supongo que de una manera similar a Benjamin (o eso espero porque soy devoto de San Walter).
Comento primero unas cuestiones un poco más conceptuales: me pasó una cosa reinteresante. Cuando quería comentar la muestra y plantear el eje curatorial me salía que se trataba benjaminianamente de trabajar con producciones que se opongan a la estructura fascista o si prefieren de dominación del sistema (sea el poder del mercado o de lo que fuere) pero cada vez que lo decía me parecía que no era un modo benjaminiano, que por algún lugar estaba casi traicionando su posición. Entonces cuando pude me fui a buscar la frase en el texto de él y me encontré conque dice que lo que él va a hacer en el libro es elaborar conceptos que "resulten por completo inútiles a los fines del fascismo" y me di cuenta de cuánto más fascista era el modo en que yo lo estaba planteando frente al de él ya que el régimen de oposición sirve por la misma razón a los fines del sistema al que supuestamente se opondría (por lo menos dentro de los regímenes de enunciación) y lo que él plantea es justamente producir algo desde un lugar que no sea una lucha de poderes sino que no le "rinda" en ningún sentido al poder.
la inutilidad no "garpa" para el poder, me gusta trabajar en esa línea.
Nos comemos un rico pescado por ahí después?
La producción de Georgina Ricci parte de allí y lo transforma en una producción que no se puede definir plenamente ni como "obra" ni como "investigación" en el sentido aceptado de esos términos.
Un detalle: ustedes saben que mis creencias me impiden pensar en cosas inútiles, salvo el arte. 
nuestro plantel de artistas y obras inútiles (incómodas, absurdas, ineficaces) se conforma hasta el momento con:
"El valor de lo inútil" me gusta mucho... en nuestra charla apareció "Elogio de la inutilidad"...
Me encanta cómo se ve la pieza de arcilla de Martín DiGirolamo, la huella de los dedos y la mirada hacia el cielo... es hermosa... Todo el proyecto, y el texto, me encanta.
"El valor de lo inútil" tenía para mí el atractivo de la aparente contradicción entre valor e inútil. Me gusta "Elogio de la inutilidad", sólo me parece un poquito más tranquilizador por el hecho de hacer referencia (parafrasear) a títulos que ya han sido legitimados por la historia.
Este enfoque viene genial también para la obra de Juliana Iriart que está en el Castagnino... sólo me acuerdo que me pareció uno de los objetos más poéticos e inútiles... 
Sí, la de Juliana fue algo que mucha gente decía “qué hace aquí”, “para qué es esto” y ni hablar a la hora de conservarla ,-)
La de Eugenia Calvo es una producción (la videística) que parece que se la puede captar inmediatamente y al momento se la suelta porque uno siente que “agarró un fierro caliente”. Y es en ese momento donde realmente se empieza no sólo a captarla sino a sentirla.
No queremos nada tranquilizador: nos quedamos con la contradicción de "El valor de lo inútil". 
Me gusta el argumento respecto a "Dobles" de Leticia El Hali Obeid, esa cosa incómoda que relatan los protagonistas... a vos qué te parece?
Abrazo y vamos por el pescado!
                                                                                                                      Los curadores


Publicado el 23 de Marzo de 2016

jueves, 14 de abril de 2016

La Canción del País

13 de abril de 2016 / ARTE » LA COLUMNA DE MAITE

¿PARA QUÉ SIRVE ESA OBRA DE ARTE?

Diarios del odio, de Roberto Jacoby y Syd Krochmalny
 
En el Centro de Expresiones Contemporáneas (CEC) se puede visitar hasta el domingo 17 de abril la muestra colectiva “El Valor de lo inútil”, proyectada como homenaje a Walter Banjamin, a partir de su frase “... que resulten por completo inútiles para los fines del fascismo...”, y en la que aparecen obras actuales de Roberto Jacoby y Syd KrochmalnyMartín Di GirolamoLeticia El Halli Obeid,Eugenia CalvoCarlos HerreraJuliana Iriart Georgina Ricci.
Según nos cuenta en “La columna de Maite”Roberto Echen, uno de los curadores de la muestra, mientras sus compañeros -también curadores- Florencia Battiti y Fernando Farina mantenían algunas conversaciones sobre arte, es que apareció la figura de Walter Benjamin, el filósofo y crítico alemán asociado con la Escuela de Frankfurt, y autor de la frase alrededor de la cual se estructura la exposición.
“Repensar esa frase hoy en relación a las propuestas artísticas que desde lugares muy diferentes pueden ser incómodas, inútiles, molestas o absurdas a ciertos fines del sistema de poder dominante”, dice Echen. “A partir de ahí nació la selección de artistas y sobre todo de las obras que dieran con esos lugares”.
Además de la palabra del curador, esta columna incluye ideas y respuestas de Roberto Jaboby y Syd Krochmalny (Diarios del odio), Georgina Ricci (A. Rossi) y Carlos Herrera (Autorretrato sobre mi muerte).
Escuchá la columna completa!
De su obra “Diarios del odio” Jaboby dice: “Tratamos de mostrar cómo funciona el discurso del odio a través de los comentarios de lectores en diarios”. Ese trabajo que se convertirá en libro próximamente aparece ahora materializado en un mural en carbonilla y ofrece una cantidad de insultos racistas, clasistas, y machistas, muchos de ellos centrados en la figura de Cristina Fernández de Kirchner. Krochmalny por su parte agrega que el hecho de haber usado la carbonilla como material simboliza “una estética quemada, fuerte, violenta y sucia”.
“El primer dibujo de la humanidad está hecho con la carbonilla, esto tenía el sentido de mostrar el primitivismo y la barbarie del supuesto civilizado”, acota Jacoby.
Georgina Ricci con su  trabajo  "A. Rossi" propone una investigación sobre la obra paradigmática del arte argentino “El Horno de pan” realizada en 1972 por Victo Grippo, Jorge Gamarra, y A. Rossi, en la que va tras la figura del obrero que construyó el horno y solo aparece mencionado con la inicial de su nombre.
En “Autorretrato sobre mi muerte", obra creada en 2009 y mostrada por primer en vez en 2011 en el contexto del Premio Petrobras, Carlos Herrera refiere a “la idea de la muerte de lo material, de la descomposición de la carne”.

CULTURA / ESPECTACULOS › PLASTICA. EL VALOR DE LO INUTIL, HASTA EL 17 DE ABRIL EN EL CEC

Formas de acomodar la basura

Con curaduría de Florencia Battiti, Roberto Echen y Fernando Farina la muestra reúne provocativas obras del siglo veintiuno realizadas por autores argentinos reconocidos. El conjunto interpela como una sola pieza a la coyuntura política.
 Por Beatriz Vignoli
Lo anticuado, lo obsoleto, "los objetos que empezaron a extinguirse" es donde los surrealistas, como escribió Walter Benjamin, encontraron una reserva de energías revolucionarias. De los dadaístas dijo que "dieron menos importancia a la utilidad mercantil de sus obras que a su inutilidad como objetos de inmersión contemplativa". En las obras de estas dos vanguardias artísticas europeas del primer cuarto del siglo veinte, dadaísmo y surrealismo, encontró el filósofo alemán algo que se resistía a ser alienado y convertido en mercancía.
La primera cita está extraída de su reseña de la novela Nadja; la segunda, de "El arte en la época de su reproductibilidad técnica", ensayo cuyos conceptos "se distinguen de los usuales en que resultan por completo inútiles para los fines del fascismo". Los curadores Florencia Battiti, Roberto Echen y Fernando Farina tomaron esta frase como eje de una exposición que puede visitarse hasta el 17 de abril en el Centro de Expresiones Contemporáneas (Paseo de las Artes y el río).
El valor de lo inútil es el título de esta muestra que reúne, en el antiguo galpón ferroportuario, provocativas obras del siglo veintiuno realizadas por autores argentinos reconocidos, y cuyo conjunto interpela como una sola pieza la coyuntura política actual.
Diarios del odio, dibujo mural en carbonilla realizado en colaboración con amigos artistas por Roberto Jacoby y Syd Krochmalny (quienes vienen trabajando juntos desde hace diez años en una serie de propuestas que indagan la construcción de subjetividad), despliega una colección de insultos antikirchneristas, racistas, clasistas, machistas y fuertemente estigmatizantes ("Loca bipolar", dice el más sutil) extraídos de comentarios a las notas del diario La Nación. Jacoby es abogado y uno de los referentes centrales, a fines de los '60, del arte como intervención en los medios; Krochmalny es doctor en Ciencias Sociales. Cuando se expuso en 2014 en Buenos Aires la obra era menos ominosa de lo que resulta hoy, cuando esas voces feroces ("grasa"; "basura") provienen directamente del gobierno nacional.
El rumor de fondo como de cacerolazos viene de Olor a Bosque, escultura cinética construida con desechos por Juliana Iriart. La obra se expuso en el Centro Cultural Recoleta en 2010 y en 2011 ganó el Primer Premio Adquisición en el Salón Nacional del Museo Castagnino. El espacio postindustrial del CEC permite apreciar su cruda belleza.
Otra obra previa que ahonda su sentido en el nuevo contexto es Milagros (2010), proyecto escultórico por Martín Di Girolamo, quien no podía imaginar su destino de presa política infamada cuya libertad reclama el mundo entero cuando se le ocurrió levantar un monumento a la militante social jujeña Milagro Sala de 2,50 metros de alto en arcilla, al que cada espectador deberá acercarse y rociarlo con agua si desea que no se seque, resquebraje ni derrumbe. El monumento aún no existe.
Construcción de un horno popular para hacer pan (1972), de Víctor Grippo, Jorge Gamarra y A. Rossi, fue la acción artística cuyos registros despliega Georgina Ricci en una pieza de investigación.
Uno de los dos videos de la exposición es El dominio del mundo, de Eugenia Calvo, proyectado en un "tiempo infinito" por la magia de la reproducción en bucle, donde la repetición de un movimiento simple inventa un universo en el que una araña de caireles logra la proeza de oscilar en péndulo sin que su curva disminuya y sin detenerse jamás.
Tensiones políticas ocultas de la globalización se expresaron en 2011, cuando la cordobesa Leticia El Halli Obeid puso la lupa de su cámara de video sobre un punto concreto invisibilizado de la industria cultural: las condiciones de trabajo de los doblajistas de dibujos animados y el sentido que dan a su práctica. Así nació Dobles (2013), cortometraje documental de 10 minutos donde, entre otros, la actriz Marina Huerta (voz de Marge y Bart Simpson, la del cabello bicolor en el catálogo) defiende el doblaje, imprescindible para "niños, adultos mayores que ya no pueden leer los subtitulados, invidentes, débiles visuales y analfabetos funcionales". El video integró el proyecto de Lara Marmor que ganó el concurso Jóvenes Curadores de Arteba 2013.
Lo invisible de un cuerpo ausente (¿excluido, desaparecido, cremado?) es lo que señala Carlos Herrera en su hit Autorretrato para mi muerte: un par de zapatos en una bolsa de nylon que en efecto alude a "la forma en la cual los linyeras del barrio reservan su lugar para dormir de la noche". Así escribió Andrés Hax en una nota que Clarín tituló "Un par de zapatos con olor a podrido", muy consternado por el premio Petrobras que recibió en 2011 el autor de la obra, quien usó poco más de una milésima parte de los 12 mil pesos destinados a producción.

Diarios del odio en “El valor de lo inútil”, CEC, Rosario.

espectaculos
MARTES, 8 DE MARZO DE 2016



PLASTICA › EL VALOR DE LO INUTIL, EN ROSARIO

Una exposición hecha de preguntas

Tres curadores se propusieron trabajar con productos artísticos que resulten inútiles, incómodos, absurdos, ineficaces, que no sean captables por un régimen enunciativo ya codificado desde el lugar del “poder”.
 Por Florencia Battiti, Roberto Echen y Fernando Farina *
Parafraseando a Lyotard, “hay una frase”. Sólo que en este caso la frase es la que da origen a “El valor de lo inútil”.
Por supuesto, esto no sería nunca completamente cierto. Es tautológico decir que, en todo caso, sería la frase y su contexto la que provoca la irrupción de esta exposición.
Aunque probablemente sea más acertado plantear su nacimiento foucaultianamente pensando que emerge en relación a ciertos conjuntos discursivos en cuyo tramado y en un instante particular esa frase adquiere una densidad y una posibilidad que concluye en una práctica curatorial.
De cualquier modo, el inicio está allí, en algo que ni siquiera es una oración completa, que es un fragmento que recorta una oración para poder resituarla en el lugar en el que pueda devenir en espacio de construcción de una práctica cuyo resultado sería esta muestra.
Además, la frase en cuestión es una afirmación, y una afirmación performativa con relación al texto que introduce.
Sin embargo, lo que produjo en este caso fue una serie de preguntas, de lugares imprecisos e inestables desde los cuales lo único que se puede hacer es ponerse a trabajar, tomar decisiones que, por esa misma razón, se saben provisionales y –desde ya– podrían haber sido otras.
Es tiempo, ya era tiempo, de dar cuenta de la frase –del fragmento de oración– en cuestión.
Es de uno de esos pensadores del arte y la historia (y la historia del arte en particular) que son más citados que aceptados y más nombrados que analizados en profundidad porque, para los discursos académicos aceptables resultan caminos peligrosos, caminos que llevan a lugares que ponen en juego hasta la propia disciplina y el estatuto mismo de quienes se inscriben en ella.
Su autor es Walter Benjamin y está en la introducción de la que es, probablemente, su obra más conocida y más mencionada (por lo menos en el campo del arte y de su historia reciente), La obra de arte en la era de su reproductibilidad técnica.
Por fin, la frase en cuestión sitúa el propio texto que sigue en el lugar político que su autor desea que tenga y está seguro de que será así. Hablando de la teoría que sigue, postula que “...resulta completamente inútil a los fines del fascismo.”
Ese es el recorte que apareció como en neón a quienes estaban por devenir los curadores de la muestra en cuestión. Ese es el fragmento que puso en vilo (primero a Florencia Battiti y Fernando Farina y después sumó, también apasionadamente, a Roberto Echen) a quienes captaron que la trama discursiva que imbricaba (ahora, no en los años 30) esa frase o ese recorte de frase, los involucraba desde la posibilidad de su propia práctica.
Y, en ese trayecto de pensamiento previo a la constitución y materialización de lo que puede aparecer como su producto, empezó a tomar relevancia un concepto: la inutilidad. No se trata de la oposición que –en última instancia– refuerza el sistema al que supuestamente se opone, se trata de algo con un registro energético completamente diferente: una energía que no es atenuada pero tampoco encauzable a los fines de un sistema que requiere de la cosificación de los productos que genera (y, también, de los productores) para sostenerse.
En ese trayecto aparecieron los ejes conceptuales que atraviesan la exposición: trabajar con productos artísticos que resulten inútiles, incómodos, absurdos, ineficaces, que no sean captables por un régimen enunciativo ya codificado desde el lugar del “poder” (económico, político, etc).
Por supuesto, siempre supimos que no hay un “afuera” de ese espacio, que no existe la obra que no ingrese de algún modo a ese estado de cosas, pero sí sabemos que cierto tipo de construcción conceptual y material que no resulte fácilmente manipulable a dichos fines genera cierta reacción alérgica de las estructuras de pensamiento definidas desde ese mismo espacio de poder (y que afecta también a un público que se estructura a partir de los discursos inerciales tan propicios a esos espacios de poder).
De allí la selección de las producciones. No creemos (y tampoco consideramos que deba ser así, porque nos parece imposible) que un artista produzca solamente y constantemente obras que se sitúen en ese lugar. No tenemos esa concepción moderna y restrictiva con relación a los productores artísticos, aunque sí consideramos fuera de nuestro diseño curatorial a quienes trabajan decidida y conscientemente para conformar y alimentar ese espacio de poder que agobia y constriñe la producción artística.
El resultado de las charlas (desde la conversación personal y/o telefónica a la creación del grupo “inútil” de WhatsApp, pasando por emails y otros modos de mantenernos en contacto) fue la selección de siete obras (insistimos que la decisión, si bien tuvo en cuenta al o los autores y su actitud de trabajo, se basó en producciones específicas que se han situado y se sitúan en esos lugares que mencionábamos más arriba) que nos planteaban ese tipo de preguntas de las que está constituida la muestra y que nos llevaban a debates sobre las concepciones y sobre todo las políticas (y las estructuras de poder) que ponían en juego. Hay que aclarar que resultaron esas siete y podrían haber sido otras, o ser más, o ser menos, pero nos pareció que en ellas coagulaban las preguntas que nos habíamos formulado y lo hacían –además– desde los propios diferenciales que cada una instaura tanto desde su concepción, como desde su materialización.
Los Diarios del odio, de Roberto Jacoby y Syd Krochmalny –realizada a partir de comentarios de lectores en las versiones electrónicas de los diarios más importantes del país–, aparece como un espacio que no sólo pone en juego al otro (postura cómoda en la que nosotros somos siempre los buenos y heroicos frente a esos otros villanos) sino que nos mira para hacernos saber dónde estamos, y sobre todo a dónde pertenecemos. Esa mirada que se construye en proceso, como un work in progress nos muestra, por esa misma razón, que esto es hoy, que no estamos en presencia de un pasado que afortunadamente habríamos “superado”.
Por su parte, el trabajo de Carlos Herrera, Autorretrato sobre mi muerte –una bolsa con zapatos que contiene unos calamares que apestan– nos interpela desde una primera persona que se disemina en la obra para referirnos, para especularmente poner el “mi” en ese lugar irrepresentable, paradójicamente representado desde las metonimias sensoriales que lo aluden. El inútil e imposible trabajo de traer ese horizonte último que nos excede delante de nuestros ojos.
El proyecto de escultura/monumento Milagro Sala, de Martín Di Girolamo, actúa de dos modos simultáneos: marcando una ausencia –en tanto producción en estado de boceto– que implica las redes político-burocráticas de las que depende su realización definitiva y, a la vez, desde la presencia poética que propone, nos conmina a pensar que –queramos o no– estamos involucrados.
“A.”, la producción de Georgina Ricci que refiere a una obra colectiva donde se simplifica el nombre de uno de los integrantes, toma como punto de partida aquello que queda afuera del concepto de “autor”, lo que no logra llegar a ese lugar, transformándolo en una producción que no se puede definir plenamente ni como “obra” ni como “investigación” en el sentido aceptado de ambos términos.
En el caso de Dobles, Leticia El Halli Obeid nos sitúa en ciertos lugares perversos en relación al lenguaje, haciendo una especie de homenaje al doblaje (categoría completamente subalterna del show business) pero también poniendo en boca de los protagonistas ciertos textos que estarían, incluso, violando derechos de la producción “original”.
Olor a bosque, de Juliana Iriart, desconcierta desde su propia construcción. En tanto pensable como dispositivo que funciona y, por lo tanto, sirve para algo, al cabo de un rato nos hace comprender resignadamente su poética inutilidad –poniendo en suspenso las preguntas que suscita, tales como ¿para qué?–.
Por último, Dominio del mundo, de Eugenia Calvo, es una producción que parecería se la puede captar inmediatamente y, al momento, se la suelta porque uno siente que “agarró un fierro caliente”. En algún punto la certeza de la proposición que parece una y unívoca se disemina, y uno encuentra que está en terreno cenagoso. Y es en ese instante donde realmente se empieza no sólo a captarla sino a sentirla.
Un trabajo curatorial que sigue dando vueltas por nuestras cabezas para multiplicar las preguntas, pero esperando que, desde lugares diversos y no homologables, “resulte completamente inútil a los fines del fascismo”.
* Curadores de la exposición El valor de lo inútil, en el Centro de Expresiones Contemporáneas (CEC) de Rosario, a partir del 16 de marzo y hasta el 17 de abril.



En 1966, Roberto Jacoby, junto a Eduardo Costa y Raúl Escari, crearon una gacetilla de prensa con fotos y la descripción de un happening que no había sucedido. Los diarios levantaron la “noticia”. El antihappening o el happening para un jabalí difunto, como fue conocido, consistía en revelar la forma en que los medios de comunicación construyen aquello que los lectores tomarán como hechos. Hoy, a casi cincuenta años de esa acción, sin obviar la enorme trayectoria del artista, Jacoby, junto con Syd Krochmalny, vuelve a usar a los medios como disparador para la instalación Los diarios del odio. La muestra que se presenta en la Casa de la Cultura del Fondo Nacional de las Artes tiene como materia prima los comentarios de lectores que aparecen en las noticias de las versiones online de los diarios, principalmente La Nación. Sobre dos paredes del espacio, que supo ser la casa de Victoria Ocampo y sede original de la revista Sur, están pintadas las frases de los foristas, como retratándolos: “loka, viuda negra, salgamos a la calle con armas en las manos, republiketa, gronchópolis, argenzuela, la kamporonga”, etc., etc. El grado de violencia explícita de las citas contrasta con la primaveral luz de las ventanas que deja ver parte del jardín de la casa, ubicada en el coqueto Barrio Parque. Del espacio virtual al material, la ¿ilusión? de participación abierta y democrática de los foros de los diarios se convierte en espacio de expresión de sectores racistas y reaccionarios. Los autores de la pieza y la curadora Mariana Scafati explican que eligieron esos fragmentos porque “rastrean específicamente aquellos núcleos discursivos donde se produce la deshumanización de sectores enteros de la sociedad argentina”.
El material de las pintadas es carbonilla negra de cierta volatilidad, un producto quemado. Diferentes manos amigas colaboraron en la fabricación del mural dejando la impronta de caligrafías y tamaños de letras desiguales que le dan entidad visual al coro de voces virtuales. Pero ¿de quiénes son estas voces? ¿Serán un fragmento de la siempre esquiva voz del pueblo? ¿Estos son los “indignados” de nuestro país? Como demostraba Jacoby ya en los sesenta, en un incansable espejo paranoico nunca terminamos de saber dónde finaliza la construcción del simulacro. En palabras de Baudrillard, de lo real siempre habrá más, ya que está producido y reproducido por la simulación. ¿Serán las frases de los lectores manifestaciones de las nuevas formas de democracia de las que habla la videoartista y crítica Hito Steyerl? La representación mediática corporativa que en vez de significar al pueblo escenifica su desvanecimiento, su gradual desaparición. Las voces en las paredes de Los diarios del odio dan cuenta de un monólogo infinito: todos tienen algo para decir pero nadie está escuchando… ¿o sí?

domingo, 20 de marzo de 2016

WATER IN THE STONES

I slept trough 

The earthquake

 

I slept under the stones

I can see the blaze of the sun 

Through the air

 

 

The day after was

Full of dead things

The day after was

Full of broken things

 

 

I swim in 

The tidal wave

I swim with my lumps

Plenty of  water like a sea lion 

 

 

The day after was

Full of dead things

The day after was

Full of broken things

 

 

 

 

Latter-Day Saints of Tinder

The prophet ladies gathered in my office to pray nightly… it’s 9:30pm

Hello Ladies

 

Like me

And I will love you today.

Refuse me,

I will love you forever.

 

Any stranger can touch you

because you are holy.

You burn with fire

the leftover

because it is sacred.

 

Latter-Day Saints

Latter-Day Saints

Holy Tinder

 

I trust you’re all being zion increasingly?

Are there 12 of you gathered? 

(girls voice: “yes”, “yes”)

Ok.

 

I led the flock

through the desert

and came to Mount

and you show up

in a flame frost

 

I take a calf

and two rams,

unleavened bread

and oil cakes

 

burning incense;

acacia wood

on an altar.

You will make unto thee

your brother,

and their children,

to sing my song.

 

 

Latter-Day Saints

Latter-Day Saints

Holy Tinder

 

The Lord showed me he’s very pleased with this group of 12 ladies

Willing to do whatever you’re called on to do.

 

Stay away;

Take off your shoes,

because the place where you are

It is sacred ground.

You eat in a heavenly place,

because it is very blessed thing,

my offerings

statute forever.

 

Later you eat

Of my body

And you drink the juice

of my bowels

For I am the one who sanctifies them.

 

Latter-Day Saints

Latter-Day Saints

Holy Tinder

 

And others that have stepped forward and by learning how to live the higher order of the sinister law. Also, I’ve been shown that all of you need to become more fervent.

And the increase of the spirit of God, fervent in your devotion to heavenly Father and priesthood. Love everyone equally. You’re in for everyone equally. 

Look upon each other with a spiritual eye, thinking of God, seeing His nature increase 

In each other...and praying for each other to be increased in Godliness. 

Your willingness to respond includes a willingness to reach for the heavenly gift and 

administering to one another and to me. I need to know the heavenly fire is being reached for and increased within you and that you are not taking on the pride of success where you feel the heavenly power but you’re not increasing it through you own exertion. So I ask you to look at yourselves.Do you feel the heavenly fire only because of the faith of others around you and over you? 

Or all day long do you feel the increase of the heavenly fire in every task and every 

connection with anybody? Ladies, you must concentrate on the bond of oneness. You must be an extension of God through priesthood...in every desire and prayers that I will be strengthened and that is how you are strengthened. If the Lord doesn’t name you to be with me in the heavenly session, then you will fall under a greater condemnation and not be used.

 

 

I DON’T WANT TO LOSE THE ABSOLUTE

I am a body now

That could have not been

Except for my eyes

Each point of fossilized light

 

I am blue water

Like the skylight

In this land

Where everything born dies

 

May I speak the language of the stones

When I walk in the village of your synapses?

May I speak the language of the stones

When I walk in the village of your synapses?

 

 

I burn despite the cold

In the most isolated land

Where everything is broken

 

The mother language

Where the sorrowing

Words are the nothingness

 

May I speak the language of the stones

When I walk in the village of your synapses?

May I speak the language of the stones

When I walk in the village of your synapses?